¿Yoga solo en momentos de bajón?

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¿Qué tal el verano? A mí se me ha pasado volando y eso que no me he ido de vacaciones… Pero que se me haya hecho corto es buena señal, significa que lo he disfrutado mucho. La verdad es que después de tantos meses fuera de casa me apetecía estar una temporada quietecita en Madrid.

En fin, que septiembre ya está en marcha, la nueva web de Therunningcloset también -¿a que es chula?- y es el momento de retomar todo aquello que quedó en stand by allá por junio o, por qué no, de comenzar algo completamente nuevo.

Hablando de empezar… ¿Recuerdas por qué empezaste a practicar yoga? Y si todavía no lo has probado ¿puedes imaginar cuál sería la razón para hacerlo? Lo digo porque en las últimas semanas he hablado con bastante gente que quiere “apuntarse a yoga”. No me sorprende, es algo que pasa todos los años. Se acaban las vacaciones, empieza el nuevo curso y con él llegan los buenos propósitos (segundo turno de buenos propósitos; el primero es enero…). Después de los excesos estivales, queremos adquirir hábitos saludables, llevar una vida sana y el Yoga es perfecto para esto porque todos lo asociamos con la salud. Hasta aquí todo normal. Lo que sí me inquieta, sobre todo como profesora, es que muchas de esas personas que quieren iniciarse en el Yoga lo van a hacer porque están en un momento complicado de su vida. Personas estresadas, deprimidas o que sufren ataques de ansiedad y de pánico que confían en que el Yoga les dé las respuestas que ellas por sí solas no son capaces de encontrar y que casi dejan en tus manos su felicidad. “Necesito que me ayudéis”, “No sé cómo controlar mis nervios”, “No quiero tomar más pastillas”… Son algunas de las frases que he escuchado en los últimos días. Asusta un poco ¿no? Por cierto, en muchos de los casos el estrés es laboral pero de las empresas y el Yoga -o del Yoga en las empresas, mejor dicho- ya hablaré otro día.

Mirad estas fotos.

estrés

A raíz de este tema se me ocurrió poner la palabra “estrés” en Google. El resultado, en imágenes, fue la foto de la izquierda: gente que grita, que está nerviosa y que se lleva las manos a la cabeza; a continuación, añadí la palabra “yoga” a la búsqueda y todo cambió radicalmente (foto de abajo): lo que vi fue gente relajada, con los ojos cerrados y en posición de loto, es decir, la típica imagen que se suele tener del Yoga. El ruido, la tensión y la desesperación se convierten en silencio, calma y paz cuando aparece el YOGA.

Hice lo mismo con “ansiedad” y “ansiedad yoga”

relax

Y con “depresión” y “depresión yoga”

yoga

Yoga es igual al binomio CUERPO/MENTE, algo que sabemos de sobra, pero no estoy segura de que todo el mundo lo tenga interiorizado. Por lo que he podido ver en el tiempo que llevo dando clase la gente, como he dicho al principio, se acerca al Yoga por “razones mentales”. Como he dicho al principio buscan paz interior, equilibrio y tranquilidad, no fuerza física ni una musculatura definida; ¡para eso ya está el gimnasio! Y todo esto está muy bien; efectivamente, la práctica de Yoga nos calma, entre otras cosas, porque respiramos de manera consciente y la respiración es calma. La sorpresa viene después… “¡Esto es durísimo!”, “¡Estoy agotad@!”, “Creo que he utilizado músculos que no sabía ni que tenía!”, ¿os reconocéis? Son comentarios muy corrientes tras la primera clase y que, por supuesto, yo hice en su día.

Y es que esto es YOGA

yoga

Y esto también es YOGA.

yoga

Porque Yoga también es igual a esfuerzo, constancia, disciplina, práctica, determinación, superación… Y sí, el Yoga provoca agujetas y te hace sudar. Entonces, respondiendo a la pregunta que da título a este post… Yoga en momentos de bajón, sin duda, pero también en momentos de subidón. Yoga para sentirte bien por dentro y por fuera. ¡Yoga siempre!

¡Nos vemos en dos semanas!

Un abrazo fuerte.

@itziardonezar

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